lunes, 1 de agosto de 2016

C'est Moi - II

La escuela comienza y la realidad me alcanza.
Para muchos el primer día de escuela primaria es un hito en el camino de la enseñanza, pera mi fue un día traumático.
El kínder había pasado, con cierta normalidad, la ilusión de la primaria comenzaba, yo quería ser como mi hermano, al final de cuentas iba a estar en el mismo colegio, que aborrecí como un vampiro aborrece el ajo. Todo comenzó un 2 de septiembre de 1985, la entrada a las 8 de la mañana en un portó color café y cuyo pasillo conducía a un patio similar al de una prisión. Un lugar oscuro y con un aroma a miedo. Recuerdo que la bienvenida fue al formarnos en fila. Todos los nuevos estábamos platicando y viendo como todos demás grupos de los niveles superiores en orden y silencio permanecían.

Una voz chillona y autoritaria hizo una aparición en el altavoz gris que colgaba de una esquina del patio. Ese sonido era el sonido de la autoridad máxima, de una persona temida no solo por su conocida disciplina, sino por su arrogante apariencia. La directora Carmelita, una mujer de edad muy madura y con un cabello que parecía el de la maestra Godzilla de Cachun Cachun Ra-Ra. Estatura baja y con un traje sastre color azul marino, blusa blanca y moño azul con puntos blanco.

Daba la instrucción de ingresar a los salones. Mi salón se encontraba en el primer puso, el primer salón después de las oscuras escaleras en color cemento. Ahí me tocó sentarme en la segunda banca de un la primer hilera de 3 que había. Un mesa banco que se compartía con otro compañero. El otro infortunado que le toco junto a mí era un niño al que le decíamos el Churrumaiz. Alguna vez en la época universitaria me lo encontré y el joven Luis no había cambiado casi nada.
Ya una vez todos en sus lugares llego la maestra de Primero A. nada que ver con las dulces maestras del jardín de niños Macías Peña. Una anciana que yo calculaba que era más vieja que mis propios abuelos, incluso llegue algún tiempo a pensar que ella era la mamá de Skeletor y alguna espere que la mencionaran en la caricatura de He-Man y los amos del universo. Decían que ella había sido maestra de incontables generaciones, algo así como el maestro Yoda pero con muy mal carácter y una regla de madera la que azotaba en las bancas.
La maestra Josefina imponía no solo por su edad y cadavérico rostro, sino también por su ronca voz que con un tono autoritario daba instrucciones a unos niños de 6 años como si fueran adultos. El primer día había comenzado y no era lo que yo había imaginado.
Ese mesa banco de color gris claro, hecho de madera que ya con tantas pintadas parecía un mueble antiguo, poroso y pesado, fie el comienzo para mí de una condena. Según yo eran alrededor de las 10 de la mañana, casi hora del recreo de los grupos de primero a tercero, cuando por algún motivo me desvanecí y caí debajo del mesa banco. Fue una ausencia y la primera imagen que vi cuando abrí los ojos al recuperar la conciencia fue a la maestra sacándome de un brazo por debajo del mueble. Me levanto de manera brusca y gritándome -que te pasa, aquí no se viene a dormir- mientras me jaloneaba y sacaba del salón. Yo le quería explicar que me había desvanecido, no sabía que era eso, nunca lo había sentido. Me dejo unos momentos fuera del salón en lo que salían mis compañeros al recreo. Me metió al salón y el primer día de clases me dejaron sin recreo por desmayarme.

Mientras veía como jugaban todos los niños en el patio la maestra cerró la puerta y me quede esperando a que alguien me dijera algo. Saque mi sándwich de mermelada de fresa en pan blanco, envuelto en una servilleta de manera tan cuidadosa que ni una gota de mermelada chorreo por algún lado.
Junto a mi lugar estaba la ventana, cubierta con unos barrotes, como para prevenir que alguno de los alumnos quisiera escapar. Unos barrotes que vi durante varios años. El día acababa y yo solo quería llorar.
Al salir de la escuela mi mamá estaba en la puerta esperándome. Corrí y la abrace, desde ese momento sabía que no sería fácil seguir los pasos de mi hermano en la escuela.



La Primaria.
Ya acostumbrado al ambiente, disciplina y uniforme, hice lo único que podía, aprender. Esto fue tan sencillo, había dos sombras que cubrían mi existencia escolar. La primera era la imagen intachable y de niño aplicado y ejemplo de mi hermano mayor. Siempre buenas calificaciones, cuadro de honor, presencia ante los maestros y directora, todo un orgullo para la escuela y para mi mamá. La segunda el ser señalado como hijo de padres separados. Lo bueno era que estaban separados para efecto de este término ya que divorciados era una cosa más grave.

Siempre he gustado de soñar, despierto o dormido, soñar ha sido mi único escape de la realidad. Pero en esta escuela no estaba permitido soñar, ser distinto, tener humor o ser creativo. Un buen día, a mediados del primer año, se me ocurrió la idea de forrar uno de mis cuadernos a mi gusto. Un cuaderno de forma francesa de cuadro grande marca Scribe. Mi forro era muy sencillo, recorte una imagen de He-Man sosteniendo su espada y clamando por el poder de Greyskull. La pegue en el centro del cuaderno y me sentía orgulloso de mi obra. Para mí un gesto de originalidad y que quería dar a conocer que me gustaba dicha caricatura. Al principio del día no había pasado nada fuera de lo ordinario, pero al salir al recreo y cerrar mi libreta, algunos de mis compañeros vieron la imagen y comencé a recibir halagos por ese cartoncillo. Esa imagen la saque de la caja de uno de mis muñecos, lo que notaron y me preguntaron qué cuantos juguetes de esa caricatura tenia, que si quería jugar con ellos en casa de algún compañero, etc.

La maestra se percató del revuelo que causaba mi cuaderno y a su velocidad de 3ª edad lo tomo de mi mesa banco y arranco la portada con enojo llegado a punto de odio. Me observo y lo primero que hizo fue jalarme la oreja derecha y decirme que eso no estaba permitido. Un castigo por ser creativo.
Afortunadamente ese año termino y las vacaciones llegaron.
La vieja rutina de correr a casa de las señoritas Santos a jugar y platicar, juntarme con los otros dos mosqueteros y disfrutar de jugar en la calla hasta las 7 de la noche. Ver caricaturas toda la tarde, no importaba soportar al tío Gamboin, personaje que en lo personal me era nefasto.
Una mañana de sábado, antes de salir de vacaciones, había mucho revuelo en la casa, me llevaron a casa de las señoritas Santos y me quede ahí viendo como todos murmuraban sobre un suceso que no querían se diera a conocer o al menos que algunos escucháramos. Lamentablemente las noticias son como el agua, por mucho que se les trate de contener y cambiar su rumbo siguen su ruta y llegan a donde tiene que llegar.
Al estar en la calle, una vecina de la casa contigua a la izquierda de mi mamá me ve en la calle y me pregunta –oye mijo, ¿ya sacaron de la cárcel a tu papá?-.
La pregunta me dejo frio, mi papá estaba en la cárcel. Corrí a casa de mi mamá y le pregunte qué había sucedido. No me respondió en ese momento. Ella había ido a una cárcel en Lagos de moreno la noche anterior a ver a mi papá, quien la corrió de ahí. Era cierto, estaba preso. Las razones y todo esa historia trascurrió mientras yo me sentía ajeno al mundo. Mi hermano mayor soportó como algunos vecinos y compañero de la escuela le mostraban el periódico con la noticia. Mi hermana lloraba. El caos estaba presente.
Los días pasaron y mi mundo volvió a la normalidad, para mí solo quedo en un suceso y una noticia de la cual hasta años después supe la verdad.

Llego el segundo grado, un alivio para mí. Fue uno de los grados que más me gustaron, por lo menos ya la maestra no era una momia con mal carácter, era una maestra normal. El salón era distinto, ubicado en la segunda planta de ese edificio arcaico, con ventanas sin barrotes y donde la luz del sol podía entrar ya que estaba por encima de la una barda que impedía la luz en las zonas inferiores de la escuela.
Mejore calificaciones en esta etapa, desde luego en la primaria y secundaria mis notas escolares no eran las mejores, y sí, había una razón, un rechazo mental y emocional a estar en ese colegio. No me interesaba lo que ahí nos daban por educación. Para mí fue una condena de 9 años estar en esa prisión escolarizada. Lo único que valió la pena de haber estado ahí fue las amistades que todavía creo que conservo.

El tercer grado me complico la existencia. Una maestra que sin algún motivo relacionado con el desempeño se dedicó por puro deporte a atormentarme en las clases. Incluso esta llamada maestra de cabello rubio, obvio no natural, con aires de diva por tener ojos verde gargajo, y de altanera actitud hacia los de piel morena, se sentía como dicen, la última coca en el desierto. Ella personificaba muchas de mis pesadillas, incluso las que tenía cuando soñaba despierto. De su boca siempre pintada de rosa salía una serie de gritos descalificando y sometiendo psicológicamente a todo aquel que le hiciera molestar. En lo personal no puedo negar que fue una de las personas que más he detestado ya que su único aporte en mi vida fue escuchar cómo me insultaba. Llegue a tenerle miedo, sobre todo a la hora de los exámenes y juntas con los padres de familia, ya que sus comentarios sobre mi desempeño hacían que mi mamá volviera a la casa después de la reunión de firma de boletas enojada y lista para regañarme. Esta maestra insistía a mi mamá que la única opción para mí era repetir el año escolar. Una maestra no siempre es una buena persona. Un buen día acabo el tercer año y una pesadilla termino también.

Cuarto fue un año de nuevos conceptos, de nuevos amigos y nuevas cicatrices, especialmente físicas. En las vacaciones de verano viví la experiencia de entrar a un quirófano. Una apendicitis aguda que se estaba tornando en una peritonitis provoco esa visita a la clínica.

Todo comenzó un domingo por la tarde, mis señoritas santos nos llevaron a los tres mosqueteros a una fiesta infantil al salón de Cri Cri, a unas cuadras de casa de mi mamá. La verdad no sabíamos quien cumplía años, pero nos divertíamos en la fiesta. Nos dieron de comer muchos chetos y unos triángulos de pan con jamo que se presuma eran sándwiches. Esa tarde antes de la fiesta en casa de Manuelito habíamos hecho un reto que solo los valientes podían llevar a cabo. Cada quien comer 3 chiles. Pero no eran cualquier chile, eran unas pequeñas bolitas color marrón, muy característicos de la zona Noroeste de México. Era básicamente el fuego de un dragón en porciones del tamaño de un chícharo, el famoso Chiltepín, “oro rojo de Sonora”. Y ya entrados en gastos combinamos el comer estos chiles con unos doritos nachos sumergidos en vinagre de chile jalapeño. El ardor estomacal no me afecto en el momento.
Ya acabando el día me llevaron a casa de mi mamá, me despedí de mis amigos y me fui a dormir. Las 11 de la noche y nada sereno, comenzó mi penar yendo a vomitar al baño.

Vomite todo en cuanto tenía en el estómago, sándwiches, chetos, doritos nachos, y refresco de naranja. Comencé a sentirme débil pero no me despegaba de la taza, el vómito no paraba. Todavía entro a ese baño en casa de mi mamá y los azulejos, el lavamanos y ese color turquesa me recuerdan esa noche. Mi mamá primero entro regañándome por lo que había comido, y la entendía, enfermarnos era algo muy difícil para ella ya que sus recursos no eran suficientes para gastarlos en enfermedades y cuando acudía a mi papá para que la apoyara económicamente cuando nos enfermábamos él simplemente respondía; “no soy médico para curarlos, ni dios para salvarlos”. Afortunadamente mis tías paternas encabezadas por mi abuelita nos ponían en manos de médicos y costeaban los tratamientos.

Mi mamá al ver que la noche avanzaba y yo no reaccionaba de manera favorable se armó de una bata rosa y me puso un pijama para salir al doctor. Yo le decía que no se preocupara, que iba a estar bien, que se fuera a descansar.
Las horas se volvieron confusas y a mi parecer en la madrugada el doctor me estaba revisando. Ponía su mano en mi abonen, presionaba y soltaba para ver los colores que se reflejaban en la piel además de ver como brincaba la zona afectada. De ahí hubo un salto en el tiempo donde ya en quirófano solo ví como me pusieron la mascarilla y el anestesiólogo me digo con una voz muy grave; - haz una cuenta regresiva del 10 al 0, como si fuera el lanzamiento del Challenger-. Solo llegue hasta el 7.

Al despertar de la anestesia tuve vomito nuevamente, el mareo y la náusea se apoderaban de mí, la primer resaca de mi vida. Era de noche todavía en ese viejo cuarto del Sanatorio Esperanza, lugar digno para una película de terror. Ya un poco más recuperado de la náusea, pero inconsciente al final de cuentas, algunas visitas llegaron y sus voces eran ecos en mi cabeza. Mi mamá les comentaba que todo fue muy rápido, la emergencia ameritaba la cirugía, incluso el apéndice estalló cuando el doctor la estaba sacando.

Esa noche, por alguna razón, mi papá se ofreció a quedarse conmigo por si yo requería algo. Él estaba dormido en un sillón a mi izquierda. Yo desperté con ganas de ir a orinar y al verlo acostado le dije que quería ir al baño. No me respondió, su sueño era profundo como el olvido. No me había dado cuenta de que no me fajaron. Lento como era de esperarse, me levante de la cama, tome el atril con el suero en esa botella de vidrio que se balanceaba sostenida de un alambre chillón. Me pare frente a la taza, orine y emprendí el camino de regreso a la cama.
Ya una vez acostado en la oscuridad vi que las sabanas y mi abdomen estaban en color marrón. Le hable a mi papá y le comentó que las sabanas, la bata y yo estamos manchados y húmedos. El solo responde; -es yodo, todo está bien-. Minutos después, la enfermera de guardia llegó a revisarme como parte de su recorrido y al prender la luz desperté y vi que no era yodo, era sangre. La herida se abrió cuando fui al baño.

La enferma rápidamente solicitó apoyo y me ingresaron a quirófano a reafirmar las puntadas que se habían abierto. No tardaron mucho en arreglarme, fajarme y acomodarme para descansar.


Llegó el inició de clases y la escuela transcurrió como de costumbre, simplemente gris. 

viernes, 22 de julio de 2016

C'est Moi

Sin mucho que decir de sobre lo que soy.
Hay una loza pesada como granito que es mi vida, un pasado que desgarra mi alma, un presente que tenía esperanza y se convirtió en dolor, un futuro oscuro como un interminable túnel hacia ninguna parte.
Esta piedra no solo ha lastimado mi ser, también de quienes amo, ya que en ella están grabados los nombres y los tiempos que se transformaron en ominosos recuerdos, en demonios que atormentan y consumen como fieras hambrientas un cuerpo y un alma mermada y sin lugar en este mundo.
Mis errores cobraron vida propia, mutaron en tormentas interminables. He solucionado, trabajado y caído ante estas abominaciones que se han poseído a quienes más amo.

Como no sentir soledad y desasosiego cuando veo como mi mundo se consume en ardientes llamas de odio, donde el amor se evaporo y condenso en nubes cuya agua no caerá sobre este infierno, el viento sabio y cruel se las está llevando lejos de mi alma.


El inicio que ocurrió solo porque sí.
He contado mi historia en un sinfín de ocasiones, pero esta vez es un ejercicio de autoconciencia y autoconocimiento final. Esta historia la estoy cuento para mí mismo y a su vez a mis hijas y mi hijo, a mis amigos, a conocidos, familiares y a aquellos que creían conocerme o decir que sabían quién era yo.
Muchas personas se auto empoderan para decir quien es quien, darle características, virtudes, defectos y hasta valorarlo como una buena o mala persona. Todo va en razón, si es que tiene idea del concepto de razón, de simpatía, empatía o en muchos casos antipatía, de conveniencia, de cariño, afinidad, repulsión y demás juicios de valor que lo único que hacen es etiquetar y encasillar.
Pero vamos al principio, desde luego no estoy hablando de las raíces familiares, étnicas etc.
Algo de lo que puedo presumir es de una memoria razonablemente buena y de ser un aficionado a leer y escuchar historias. Mi historia comienza, según yo el día que nací. Se puede hablar sobre la vida en el utrero, pero eso es una pre cuela que quien conoce mejor es mi madre.
Siempre creí que había nacido en martes, me sentía marciano, incluso en el sentido de ficción, un marciano en la tierra. Y eso al final fue cierto, nací según los registros un martes 14 de marzo de 1979 a las 11:45 de la mañana. Ese día según los anales de la historia mara acontecimientos que probablemente sean un karma histórico, por ejemplo:
·         El mismo día en años anteriores;
-          44 a.c. La noche de este día Casca y Cayo Casio Longino, cabecillas del atentado contra el Emperador Julio Cesar afinan los detalles del asesinato.
-          1492. La reina Isabel la Católica promulga una orden para que los judíos españoles se conviertan al cristianismo o de lo contrario serían expulsados de Hispania.
-          1519. Este día Hernán Cortés desembarco en las costas del Golfo de México para iniciar la conquista. Todo inició con 700 hombres.
-          1804. Nace Johann Strauss. Uno de mis compositores Favoritos. Obvio.
-          1833. Murió Karl Marx. Lo mejor que me queda de él es una biografía llamada “El Prometeo de Tréveris”. Solo por lo que leí ahí inicio una cierta fascinación por la dialéctica materialista.
-          1879. Nace Albert Einstein, y me gusta pensar que mi segundo nombre es Alberto en razón a esto y no a otra cosa.
-          1933. Nace Michael Caine. Si hicieran una película de mi vida y el estuviera joven, me hubiera gustado para personificarme.
·         En ese día, en ese año;
-          La ciudad de México sufre un temblor de 7.6° causando la perdida de la Universidad Iberoamericana. Afortunadamente sin víctimas.
Estos datos tal vez a ninguno le interesen, pero para mí han sido parte de la búsqueda de quien he soy, o quien fui. Las casualidades, designios divinos, caminos misteriosos y demás complejidades que tiene la vida a veces dan detalles que al menos a mí me agrada pensar que cósmicamente nací en este día. Aunque a veces la realidad me dice que nací en este día simplemente porque así fue el tiempo de parto, sin más razón y sin ningún bagaje histórico.

Este acontecimiento se dio en una clínica del centro de la ciudad de Aguascalientes. Las versiones de mi nacimiento provienen de lo contado por mi madre, mi nana, abuelos y uno que otro conocido que se percató del suceso, ya que este no fue un acontecimiento como el común de los nacimientos. Fue un nacimiento sobrio, sin la algarabía de muchas familias que todos están en espera del nuevo integrante.

Cuenta mi madre que se encontraba solo al momento de tener que ir a la clínica. Eran cerca de las 8 de la mañana cuando comenzó a sentir los dolores de parto por lo que sola se dirigió a ser atendida. Los dolores no eran fuertes, según ella era un momento que esperaba y el cual no le causaba dolores. De hecho me contaba que el parto fue rápido y sin dolor. Ella se encontraba sola en el cuarto y yo en los cuneros, ambos marcados por esa conexión de soledad desde ese momento.
Un par de horas después mi hermano mayor dio aviso a mi papá, a los abuelos maternos y paternos, a mi nana, y a algunos vecinos de esa solitaria casa que fue mi hogar durante 22 años.
No había nada preparado, la ropa que se me puso en la clínica la llevo mi nana, quien desde ese momento hasta el fin de mis tiempos me ha dado un gran amor y cariño, un amor maternal sin lazos sanguíneos, puro y desinteresado.

Nací de una familia quebrada por tantas razones, mitos, secretos y versiones. Esa no es mi tarea describir por el momento. Solo puedo decir que fui concebido por un hombre llamado José de Jesús y una mujer de nombre Ma. Esthela. Ma. Se llamaba por un error en el registro civil, pero todos la conocían como María Esthela. Mi padre no se presentó a conocerme hasta un par de días de haber nacido, solo él sabe que sintió cuando me vio por primera vez. Espero que haya sentido lo que yo sentí cuando nacieron mis hijas y mi hijo.

Tambien, cuenta mi nana y mi mamá, que era un bebe muy paciente, que no lloraba y dormía mucho, incluso ellas me despertaban para que hubiera algo de sonido en esa casa de escasos muebles donde estaban el par de amigas y compañeras con un bebe y un futuro en el que tenían alguna esperanza. El esperanzarse de algo tal vez no sea lo mejor, idealizar no siempre es buena idea.

Nunca he visto una foto mía de recién nacido, al parecer mi primer registro fotográfico al parecer fue al cumplir un año. Foto tomada en casa de mis queridas mentoras, las Señoritas Santos Padilla. Personas de amplia cultura, conocimiento y visión del mundo y sus alrededores.
La información sobre mi etapa de bebe es vaga y no muy amplia. Sinceramente la vida de un recién nacido se reduce a comer, dormir, defecar y de vez en cuando hacer trompetillas.

Algunos familiares dicen que era un bebe bonito, risueño y hasta agradable, después se preguntan que me pasó. Lo que sí puedo decir es que el parecido que tiene mi hijo Aarón a sus casi tres meses de edad con esa fotografía mía de casi un año es muy notable. Ojala y el su mamá pudieran ver algún día esa foto.
Y en este punto me sigo preguntando, ¿para que nací? ¿Quién imaginaria que ese bebe se convertiría para los ojos de muchas de las personas que he amado en un monstruo?

Los sentimientos encontrados y conflictos de emociones se apoderan al recordad y escribir. Pensar en esa inocencia y ver el infierno que he incendiado y he arrastrado causa más dudas sobre la razón de mi existencia. Dentro de tantos defectos que tengo, hay uno que remarcar, puedo descifrar problemas, resolver situaciones de terceros, pero lo concerniente a mí mismo ni con ayuda he podido resolver.


La infancia y recuerdos que no son nada vagos.
Hay eventos que recuerdo cuando tenía 3 años. Por ejemplo esas mañanas donde salía corriendo de casa de mi mamá y recorría una distancia enorme de 10 metros para llegar a la casa de mis señoritas Santos, donde con la euforia de un niño que espera un regalo intangible como el cariño gritaba, “Chabelita, Merceditas, Ábranme”. Un par de minutos tardaba en abrirme la puerta de la entrada a una casa hermosa, llena de paz, pintoresca y única. Una casa con una cochera en la entrada con algunas macetas de helechos, jazmín, huele de noche, cuna de moisés y un rosal en el centro. Con un color blanco en las paredes que siempre estaba impecable. Una mesa de jardín que se retocaba cada 6 meses para no perder su brillo y blancura. Al entrar a la casa había un recibimiento cálido por Merceditas, quien regularmente abría para recibirme. Corría hacia el cuarto donde estaban descansando y de un salto me metía en la cama y me tapaba con las cobijas. No puedo negar que fueron los años más felices que recuerdo. Sin preocupaciones más que ir a visitar a mis mentoras, acompañado de par de osos de peluche, los cuales había heredado sin querer de mi hermana mayor Tere, que a la edad de 3 años había dejado este mundo a causa de la leucemia. Evento que marcó un hito familiar y una grieta sin fondo en el corazón de mi mamá y de mi papá.

Después de saltar por un momento en la cama y dar los buenos días junto a mis inseparables amigos de peluche llegaba el momento de desayunar. Nos sentábamos los 3 humanos y los dos imaginarios peluches en una antigua mesa austriaca de madera, que relucía como una joya en esa sala adornada por muebles del mismo estilo. En esa mesa aprendí a comer con cubiertos, manteniendo la boca cerrada y respetando los tiempos para hablar. Aprendí a tomar los alimentos como un adulto educado y disfrutando de lo que para mí era un manjar matutino. En esa mesa también tome mi primera taza de café, acompañado con algo de leche. También me sirvió de refugio para jugar que me encontraba en una nave que viajaba por las galaxias, y como refugio para cuando veía discutir a mis papas y salía corriendo de la casa a esconderme a ese lugar.
Después del desayuno y levantar los trastos llegaba la hora de aprender. Cada una de mis señoritas comenzaba a platicarme una historia, sobre todo a sembrar en mi la iniciativa por investigar y el amor a los libros. Cada pasaje estaba lleno de detalles y llevaba una moraleja. Me contaban desde historia universal, religiosa, una apasionada historia de México, crónicas de la ciudad de Aguascalientes y terminaban por platicarme sobre mi familia, siempre resaltando los valores y bondades, que a veces yo no entendía donde habían quedado.
En esa casa también aprendí a ver la humildad, que para mí no es más que la aceptación de que todos necesitamos de todos y que en el pedir está el dar y en el dar está el recibir.

Poco después de avanzado el medio día llegan a esa casa un par de amigos de la infancia que nunca podre dejar de extrañar, Cesar y Manuelito. Éramos como los 3 mosqueteros, desde luego sin D'Artagnan. Ese no era un mosquetero. Cada uno con una personalidad, un carácter y una vida destinada a algo. Al menos así parecía. Aquí conocí la amistad, 3 niños los cuales vivían sin preocupaciones, cuyo mundo era explorar esa cuadra, sin salirse de la frontera prohibida, la siguiente calle. Siempre juntos los 3, también ahí comenzó mi constelación de amistades, siempre que me juntaba con amigos éramos 3. Hasta hace algunos meses donde los últimos 3 nos separamos.
En casa de las señoritas siendo un niños muy pequeños comenzamos una serie de visitas diarias y hasta nocturnas que duraron hasta que llegamos a la edad de estudiar la escuela secundaria, donde todo cambio para todos.

Entre más recuerdos de esa época pre escolar están destellos de que alguna vez había alegría innata y pura en mí. Á veces en las tardes solía acompañar a Merceditas a su trabajo. Era directora de la biblioteca de la Casa de la Cultura del Estado, duró ahí solo 43 años dejando un legado memorable.

Esa biblioteca me vio crecer en muchos aspectos, ahí aprendí a leer, a conocer sobre libros, clasificaciones y que escribir se convirtió en uno de mis sueños. Mis primero acercamientos a la literatura fueron unos cuentos editados e impresos en español por el gobierno chino. De hecho mi primer libro me lo regaló mi gran amigo Daniel, un ilustrado y culto biblioteconomo que me dedico una frase que hasta el paso de los año da una pista de quien he sido, un contador de historias. “Julio, ¿Cuantos cuentos cuentas con este cuento?”. Fechado en 1984 “El Hacha de Oro” es una de mis posesiones más preciadas por su valor personal.

Esa infancia estuvo llena de eventos que recuerdo de manera clara. Hay los momentos maravillosos y los momentos tristes que durante años no supe asimilar. Todo transcurría en un mundo con contrastes y claros oscuros. Escuchando historias que me llevaría una saga interminable escribir.

Las semanas parecía que transcurrían sin novedades, pero no, siempre había algo nuevo. Recuerdo esos martes en los que mis abuelos maternos llegaban temprano a casa de mi mamá y desayunaban. Canichito, mi abuelito nos contaba sus “charras” acompañado de un preparado energético que consista en un par de blanquillos en un vaso acompañados de Coca-Cola. Lo tomaba de un solo trago y después se disponía a desayunar. Pachita, mi abuelita, gustaba de platicar de “el rancho”, que se refería a donde vivían parte del año, el Puesto Jalisco. Platicaba de lo sucedido, de las comadres, de sus hermanas. Mis abuelos fueron una pareja como pocas he visto en mi vida, juntos a pesar de los caracteres, los problemas, las desavenencias y enfermedades. Fuertes y a veces arrogantes disfrutaban de la vida como pocos. Gustaban de viajar y recorrer playas, ranchos y demás lugares donde se hacían de amigos y personas que les querían.

Esos días eran felices, al menos eso recuerdo, y a veces me ponía a jugar con un portafolio plástico samsonite pintado de color gris por mi hermano mayor. Ese portafolio lo usó para la escuela, después lo abandono para yo tomarlo como base de juego de mis muñecos. Ahí guardaba mi Darth Vader y los soldados imperiales en un compartimento. En otro estaba Luke, Han, Chewy, Lando y otros personajes de Star Wars. Cuando terminaba de jugar a viajar en galaxias los guardaba y sacaba de una bolsa del mismo portafolio a Batman, Superma, Aquama, Flash, Lex Luthor, Joker y un desconocido para continuar con batallas de super héroes.

Regularmente jugaba solo, siempre cuidando de esos muñecos, los cuales están guardados en una caja con recuerdos que me quedan. Quien diría que termínanos siendo recuerdos, en ocasiones lleva tiempo en volvernos recuerdos, otras veces en una sola semana nos volvemos una historia más en la vida de alguien.
En esa época mis hermanos mayores, Isidro y Amelia se la pasaban en la escuela y en casa de mi Mamá Amelia y Papá Isidrito, mis abuelos paternos y a los que les debo haber tenido escuela entre otras cosas.

Llegaba el fin de semana y el ambiente cambiaba. Mis hermanos a veces en fin de semana se iban a casa de Mamá Amelia y yo me quedaba con mi mamá. Chelo mi nana se iba a su casa a ver a su familia. Mis amigos salían con sus papás. El tiempo se hacía eterno y un poco tedioso.

Dentro de los pasajes que recuerdo, aunque mis hermanos deben recordar mejor que yo era ciertas noches que un sonido de claxon nos levantaba. Llegaba mi papá.
Hubo noches que pasaban pacificas cuando llegaba, pero los recuerdos más latentes era cuando comenzaban a discutir mis progenitores y todo terminaba mal para mi mamá. Todavía hay noches que sueño con los gritos y los sonidos de los golpes que mi papá le daba sin piedad a mi mamá. Mi nana metiéndose para protegerla y recibiendo de igual manera los golpes. Nunca olvido una noche en la que solo veía como caía el cabello de mi mamá al piso. Cabello que era arrancado por las grandes manos de mi papá. En fin, así son los recuerdos, recuerdos que van y vienen, siempre nítidos, el problema es darles orden y plasmarlos sin que las lágrimas me traicionen. 

sábado, 5 de marzo de 2016

Cosas y pensamientos

No puedo lidiar con tantas cosas en mi mente y en mi corazón.
El soñar despierto se ha vuelto una pesadilla.
No quiero dormir porque cada sueño que tengo me atormenta ya que no estoy a tu lado y el saber que voy a despertar sin ti y esa parte de mi que llevas en tu vientre me duele como una navaja en mi corazón.

martes, 7 de abril de 2015

Cultura y Desarrollo

Dedicado a  mi gran amiga María Isabel Santos Padilla. QEPD
14- septiembre de 2011
La madre del decoro, la savia de la libertad, el mantenimiento de la república y el remedio de sus males es, sobre todo lo demás, la propagación de la cultura.
José Martí
Cultura y Desarrollo
La cultura de nuestro país es un mosaico de tradiciones, expresiones y herencias étnicas. Es un proceso sustentado en los pueblos indígenas, las tradiciones europeas traídas por los conquistadores y por las migraciones, sin olvidar a las diversas comunidades que se han asentado a lo largo y ancho del territorio nacional.
La cultura en pocas palabras es parte de la esencia del mexicano, su modo de vida, donde convergen los más variados elementos; modernos, los cuales adaptamos de culturas como la norteamericana, la europea, y la urbana que se gesta en las colonias de las ciudades;  los antiguos, basados en las costumbres precolombinas, las implementadas en la conquista y colonia, las autóctonas provenientes de las diversas minorías étnicas; los reciclados, con los que convivimos todos los días, que se trasmiten como parte de movimientos novedosos entre los grupos sociales, se retoman elementos de diversas épocas y lugares y se reutilizan nuevamente.
El orgullo de ser mexicano tiene su raíz en la cultura, la etnicidad y estilo de vida, es un elemento de identidad nacional que nos hace únicos, sus matices, su multitud de expresiones y de rasgos artísticos en las diversas áreas forman parte de una cosmovisión que ha servido de brújula en el proceso histórico que compartimos. Esta expresión incluye los sentimientos regionales, las tradiciones y costumbres, sin dejar atrás la cultura y contracultura urbana. Es una manifestación social que lleva en sus células la información, habilidades y destino histórico de una nación.
La necesidad de apostar por un proyecto nacional integral es latente, que sea producto de la evolución cultural y política de la sociedad, que se expresa en las necesidades cambiantes y se organiza de nuevas formas. Esta evolución se da mediante el sentimiento de unidad alrededor de un propósito, donde es necesaria una dinámica de organización, revisión y reorganización para no frenar el desarrollo que necesitamos.

Dentro del amplio panorama de la cultura y el conocimiento se debe tomar en cuenta la mejora continua de los sistemas de aprendizaje, la necesidad de más conocimientos económicos, sociales y de organización para poder sustentar políticas públicas que se dirijan al fomento cultural y a la generación de conocimiento.

En los últimos años hemos sido testigos de distintas aperturas en cuanto a los diálogos y canales de comunicación entre gobernantes y gobernados. Esta nueva dialéctica está apoyada por las emergentes redes sociales que se fortalecen por las necesidades de expresión de los individuos.

Solo hay que recordar el caso de la revolución egipcia del 2011, que comenzó con los descontentos expresados en las redes sociales de internet y que se tradujo en movilizaciones y el fin de un régimen. Las nuevas revoluciones se dan de manera cultural, en base a conocimientos y modernas técnicas de comunicación, por lo que es necesario poner atención a esta forma de organización social que se levanta de manera apresurada con la finalidad de consolidarse como un elemento más para tomar en cuenta en la agenda política nacional.

A pesar de este desarrollo cultural, social y político,  donde la información fluye a caudales quedan pendientes respuestas a muchas cuestiones como lo son; ¿Qué hacemos por la Justicia Social?, el respeto al orden Jurídico, la pérdida de identidad, la división y polarización y la baja calidad de vida del grueso de la población. No podemos negar que hay años perdidos de desarrollo, pero hemos hecho el trabajo de ver hacia dentro de nosotros y evaluar nuestro proceso histórico para mejorar y poner en la agenda lo que realmente es importante y no urgente.

Muchos de los problemas de México podemos coincidir que tienen un origen cultural, donde olvidamos los valores cívicos y los confundimos con valores religiosos. La cultura así como la educación comienzan en casa, donde podemos fomentar la lectura, valorar y amar el trabajo, respetar a nuestras familias y a cada integrante de la sociedad en la que nos encontramos, teniendo amor al país que nos vio nacer y nos vera morir.

La problemática social se atiende con la suma de cultura y conciencia, esta da como resultado educación de calidad, la cual multiplicada por la legalidad da como producto el bienestar y el progreso.

El fenómeno multicultural es el producto de las ideas, paradigmas y órdenes emanados de una fuente de conciencia colectiva, en la que son depositadas un sin fin de conceptos distintos sobre la sociedad, el estado, la política, la riqueza, la religión y demás elementos que conviven dentro de la realidad. Un factor determinante es el flujo masivo de información así como las migraciones y la nueva convivencia social en la que estamos inmersos.

También los actos nocivos se reproducen mediante la cultura que nosotros heredamos a nuestros hijos. Cada uno de nosotros establecemos las diferencias en el orden social, fomentamos la subversión de aspiraciones que atienden a principios que vulneran el progreso y la paz social.

Un nuevo elemento a considerar es la tecnología, que ha pasado a ser parte de nuestras vidas hasta el punto de convertirse una necesidad, donde se ha creado una dependencia de ella en el trabajo, escuela, en la casa e incluso hasta en el ocio.  En este momento la brecha tecnológica con los países desarrollados ha disminuido de manera considerable ya que podemos ver que una buena parte de la población del país cuenta con celulares inteligentes, computadoras personales o minis y dispositivos de última generación que a final de cuentas se utilizan para mantenerse comunicados.

La soledad que no es un rasgo exclusivo de los mexicanos hace que la gente busque nuevas formas de socialización que se traducen en expresiones y van formando parte de la cultura.
Hay que tomar en cuenta que una sociedad multicultural no es necesariamente una sociedad fragmentada, como lo quieren hacer ver ciertos grupos políticos y religiosos, básicamente la derecha, que se han encargado de polarizar y fragmentar a la sociedad.
Este maravilloso país, que contiene un mosaico multicultural tan inmenso como el mar o como la sonrisa de un niño, tiene el reto de no deshacerse de su identidad nacional, que va más allá de productos promocionales o mercadológicos. Es una prioridad retomar el sentido de la nación, con el respeto y tolerancia que requieren todos los individuos que formamos parte del estado y que depositamos en el parte de nuestra libertad para salvaguardar nuestros derechos y paz social.

Cada uno de nosotros tenemos el deber y obligación de aportar un grano de arena en la nueva construcción de los pilares del país. Son los valores, la unidad familiar, el respeto, el trabajo duro y la solidaridad de la comunidad lo que debemos poner en  nuestras agendas personales.
La cultura y el conocimiento son la sonrisa que brilla y trasciende en todos lados, evitan la corrosión social que enferma medularmente la base de nuestra sociedad: La Convivencia.
La cultura es un saber del que uno no tiene que acordarse, fluye espontáneamente. DIOGENES

miércoles, 25 de junio de 2014

Biblias Prohibidas.

Las Biblias Prohibidas


 

"Se pueden escribir cinco líneas que destruirían la civilización", escribió el prestigioso astrofísico Fred Hoyle. Esas líneas quizá formen parte de algunos de los textos "demasiado peligrosos" que han desaparecido sin dejar rastro o fueron sistemáticamente destruidos o censurados a lo largo de la Historia, como El Libro de Toth, que da poder sobre la materia, el Manuscrito Voynich, que explica como usar la energía estelar, o la Esteganografía de Tritemo, que enseña como hipnotizar a distancia. 

Se calcula que en el gran incendio de la Biblioteca de Alejandría se quemó medio millón de obras que contenían el conocimiento científico de civilizaciones extintas, pero aquellos no son los únicos textos que podrían cambiar nuestra concepción del mundo y que han desaparecido. 

Aunque algunos textos no han sido escamoteados de la lectura pública por la acción del fuego sino por grupos interesados en que nunca salgan a la luz. 

Esta es al menos la opinión del escritor francés Jacques Bergier y de muchos investigadores que sostienen que la destrucción y la censura sistemática del saber científico a lo largo de la Historia han sido y son una cuestión mucho más real que literaria. 

Los libros prohibidos han inspirado a muchos escritores como el norteamericano H. P. Lovecraft, que en sus "Mitos de Cthulú" menciona el "Necronomicón" que condensa la magia cósmica, o el italiano Humberto Eco, que en "El nombre de la Rosa", narra una historia medieval de intrigas sobre una biblioteca de obras condenadas guardada por monjes inquisidores en un convento. 

"Estoy persuadido de que se pueden escribir cinco líneas, y no más, que destruirían la civilización", ha escrito el prestigioso astrofísico británico Fred Hoyle, fallecido hace poco y considerado uno de los grandes "herejes" de la ciencia, por sus teorías sobre el origen extraterrestre de la vida en nuestro mundo y por su afirmación de que jamás existió la gran explosión o "Big Bang" que presuntamente ha originado el Universo. 




Los libros malditos




Para Jacques Bergier muchas de las palabras prohibidas que alude Hoyle están en los textos que el escritor francés ha descrito en su trabajo “Los libros malditos” ( "Les livres maudits" ), el cual se ha convertido en una obra de referencia entre los aficionados a los conocimientos esotéricos y el saber oculto. 

Bergier, autor junto a Louis Pauwels de otro texto esotérico de referencia denominado “El retorno de los brujos”, afirma en su libro que existe una cofradía tan antigua como la civilización, que impide la difusión demasiado rápida o extensa de los conocimientos que pueden ser demasiado peligrosos para ser revelados. El escritor llama a este grupo los "hombres de negro". 

Entre los integrantes de esta presunta cofradía censora, cuyos rastros aparecen tanto en la historia antigua de China y la India, como en el pasado de Occidente, habrían figurado el escritor francés Joseph de Maistre y el zar Nicolás II de Rusia. 

En 1885, el escritor Saint-Yves d'Alveydre debió destruir su obra, "Misión de la India en Europa y Misión de Europa en Asia. La cuestión de los Mahatmas y su solución" bajo amenaza de muerte, y su reedición la destruyeron los nazis alemanes al invadir Francia y París, en 1940, señala el investigador francés. 

Pero éste es sólo uno de los cientos de textos y hallazgos científicos que, según Jacques Bergier, han desaparecido sin dejar rastro o han sido ocultados a la sociedad. 

Una de las obras prohibidas más legendarias es el "Libro de Toth", un papiro o una serie de hojas de entre 10.000 y 20.000 años de antigüedad, copiada en secreto, la cual ya poseían los sacerdotes y faraones egipcios y al parecer contenía los secretos de diversos mundos y daba un enorme poder a sus poseedores. 

El libro, que alude los más diversos documentos históricos, confería poder sobre la tierra, el océano y los cuerpos celestes, y permitía desde interpretar los medios de los animales para comunicarse hasta obrar a distancia, según Bergier. 




Palabras con poder

La destrucción de este antiquísimo libro fue anunciada varias veces, incluso por la Inquisición, pero ha reaparecido varias veces a lo largo de la Historia y no se descarta que ahora esté en poder de algunos grupos, que posean y utilicen sus secretos. 

Este compendio de conocimientos científicos, "nacido del fuego" pero considerado "incombustible", se atribuye Hermes Trismegisto, el fundador de la alquimia y uno de los padres del saber hermético. El Libro de Toth jamás ha sido visto impreso o reproducido, y se ignora la forma en podía consultarse. 

Según Bergier, en la lista de presuntos textos condenados -algunos provenientes de civilizaciones desaparecidas- también figura el Manuscrito Mathers, que originó una de las sociedades esotéricas secretas más famosas de la historia, la Golden Dawn ( "El Alba Dorada" ). 

Pero, según Bergier, el mayor "éxito" de los "hombres de negro" ha sido la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, iniciada por Julio César, en el año 47 antes de Cristo (a.C.), continuada por el emperador Diocleciano en el 285 y finalizada en el año 646 por los árabes, que la destruyeron hasta sus cimientos. 

Este edificio monumental, fundado en el 297 a.C. por Demetrio de Falera y que contaba con departamentos de Ciencias Naturales y Matemáticas, contenía unos setecientos mil documentos, de los cuales casi ninguno ha sobrevivido y entre los que al parecer se encontraban los secretos de la transmutación del oro y la plata. 

La destrucción de la Biblioteca alejandrina eliminó los manuscritos del historiador y astrólogo Beroso, quien inventó el cuadrante solar semicircular y concibió una teoría sobre el conflicto entre los rayos del Sol y la Luna, la cual anticipaba las modernas investigaciones sobre la interferencia de la luz. 


 

 

Entre los manuscritos destruidos figuraba obras de Pitágoras, Salomón y Hermes, parte de las cuales estarían en bóvedas secretas de las pirámides egipcias, según se afirma. Entre los textos quemados en Alejandría, también figuran los de una enigmática civilización que precedió al antiguo Egipto conocido, y otros textos demasiado "peligrosos" para ser divulgados. 

En Alejandría también estaban las obras de Manethón, un sabio que conocía los secretos del antiguo Egipto, y de Mocus, a quien se atribuye la invención de la teoría atómica. 

Con la destrucción, a lo largo de los siglos, de otras grandes bibliotecas como las de Constantinopla, la de los Califas de El Cairo, la Islámica de Trípoli, en Libia, o de los Califas de Córdoba, situada en España, se han perdido cientos de miles de obras y datos científicos, que seguramente hubieran modificado nuestra vida y visión del mundo. 

Otro sabio presuntamente censurado por los “hombres de negro” fue el abad Tritemo, nacido en Alemania en 1462 y muerto en 1516, quien reunió en el monasterio de San Martín la mayor biblioteca de su país y efectuó unas investigaciones, que intentó divulgar en otro de los grandes libros malditos: la Esteganografía, del que sólo sobrevive un manuscrito incompleto. 

El rey Felipe II ordenó destruir la misteriosa obra, mezcla de lingüística, matemáticas, cábala judía y parapsicología, que informaba sobre un método para hipnotizar a distancia, por telepatía, con la ayuda de ciertas manipulaciones del lenguaje. 

La primera edición de lo que quedaba de la Esteganografía se publicó en 1610, pero aún expurgada, el Santo Oficio prohibió hasta 1930 la difusión de este texto, donde se exponen una serie de escrituras secretas, cuyo empleo requería el uso de aparatos no muy diferentes de la radio actual, ¡pero en el siglo XVII!. 

Tritemo, que predijo en su libro la declaración de Balfour sobre la creación del Estado de Israel, también publicó en 1515 una historia cíclica de la Humanidad, que recuerda tanto la tradición hindú como algunas teorías científicas modernas, según Bergier. 




La lista de la Inquisición




La Inquisición española, que comenzó a partir de 1483 una quema general de libros impulsada por fray Tomás de Torquemada, elaboró en el año 1540, una Lista de Obras Prohibidas. Poco después, en 1548 Roma organizó la Congregación del Santo Oficio de la Inquisición, encargada de redactar la primera lista de Libros Prohibidos que se conoce. 

Con ambas "listas negras", que se unificaron en 1559 originando el "Index Auctorum et Librorum Prohibitorum" (Indice de autores y libros prohibidos), los inquisidores recorrieron Europa saqueando las bibliotecas y persiguiendo a los autores "herejes". 

Según Bergier existen listas de inventos demasiado peligrosos y una de ellas, creada por militares franceses, incluye no menos de ochocientos artículos científicos, que podrían batir la marca de los libros condenados y malditos de todos los tiempos, si alguien escribiese un texto que los comprendiese a todos. 

Otro de los grandes libros condenados, el Manuscrito Voynich atribuido a Roger Bacon, se ha librado de la destrucción y se encontraba hasta hace unas pocas décadas a la vista de todos, en venta por 160.000 dólares en una librería de Nueva York, por una sencilla razón: nadie ha conseguido descifrarlo. 

El antiguo texto, que guardaría conocimientos científicos enormes, desde la estructura de la galaxia de Andrómeda o la dinámica celular hasta la descripción de cientos de plantas sin identificar, está cifrado en una lengua desconocida. 

El manuscrito tomó su nombre del librero que lo compró en 1912, después de que pasara por las manos de Rodolfo II en 1584-88. El lingüista estadounidense W. Newbold afirmó que lo había descifrado, pero después lo desmintió. Para algunos, el experto prefirió callar, ante las amenazas recibidas y la magnitud de los conocimientos que se compendian en el libro. 

Según algunos estudiosos, el manuscrito Voynich contiene secretos tan peligrosos como la naturaleza de las novas o explosión final de las estrellas, o los mecanismos de los cuásares: los objetos cósmicos más energéticos que se conocen. Además contendría información sobre fuentes de energía mucho mayores que la bomba de hidrógeno y tan sencillas de manejar que era capaz de comprenderlas un hombre del siglo XIII. 

Asesinos de libros y escritores





Vehículo de ideas, críticas, debates y conocimiento, y enemigos de tiranías, integrismos y fanatismos políticos, religiosos o filosóficos, los libros, escritores y bibliotecas han sido perseguidos, censurados, escondidos o destruidos a lo largo de la Historia, sin distinción de civilizaciones o culturas. 

Uno de los casos más dramáticos y antiguos de censura del conocimiento que se conoce fue el del emperador chino Shi-Hoang-Ti, quien en el 213 a.C. mandó destruir todas las obras escritas, enterró vivos a más de cuatrocientos escritores y decretó que cualquiera que guardase tablillas de bambú o madera escritas, correría la misma suerte los sabios asesinados. 

Casos más recientes como el del escritor británico Salman Rushdie, condenado a muerte por el régimen de los religiosos iraníes debido a su libro "Versos Satánicos", demuestran que la hoguera de la Inquisición sigue encendida.